
Alvar Aalto - Una Arquitectura Dialógica
Con gran satisfacción acepto el ofrecimiento del arquitecto Luis Ángel
Domínguez para introducir la publicación de su tesis doctoral sobre Alvar Aalto,
desde una perspectiva dialógica. Por muchas razones.
Por un lado, porque ya es hora de analizar en profundidad las raíces de
la arquitectura de Alvar Aalto, el cual, a pesar de la labor meritoria de Demetri
Porphyrios, permanece como personaje enigmático de la modernidad en la
arquitectura del pasado siglo XX, cuando en realidad es un personaje diáfano
y transparente.
En segundo lugar, porque la vecindad entre la Finlandia de los años
1917 hasta 1924 y San Petersburgo, y su pertenencia política a Rusia en
plena revolución social y política, no puede ser que no dejase una huella
“dialógica” en la obra de un arquitecto sensible como pocos a la presencia
estética de su tiempo. Los escritos y los bocetos que aquí se presentan, en la
tesis de Luis Ángel Domínguez, algunos inéditos, son claras muestras de esta
huella dialógica.
Por último, mi interés actual por el inmenso intelectual ruso Mijail Bajtín
(1895-1971), padre de la “dialogía” recientemente redescubierto, pero que a
partir de una extraordinaria procacidad, el año 24, a los veintinueve años, ya
había escrito las bases de lo que hubiese sido la teoría social más importante
de la cultura occidental si Stalin no lo hubiese enviado al destierro durante
cincuenta años... Este interés, repito, es otra importante razón por la que
creo que este libro y esta tesis marcan el inicio, no el final, de una manera
necesaria de reflexionar sobre la arquitectura. Porque como el mismo Bajtín
escribe, no es suficiente con descubrir la arquitectura desde una perspectiva
de una “estética material” a partir de la cual la arquitectura se aísla de la
historia, del territorio y de su mismo significado, mezclando constantemente
arte, ciencia y política, y escondiéndose el arquitecto tras el objeto, para así
poder seguir controlando lo que, en el fondo, no es la arquitectura, sino un
pretexto sin otro fin que el de justificarse a sí mismo a partir de su propio
proyecto. Esta “estética material” (no materialista), tal como la defiende Bajtín,
no es negativa ni positiva, no es sencillamente más que una “técnica”, una
“técnica” especialmente interesante para los científicos, pero que no llega
nunca a tocar la “distinción” propia de cada objeto estético, de cada
“arquitectura”.
Lo que esta tesis sobre Alvar Aalto muestra, desde la primera hasta su
última página, es la “distinción estética” de estos objetos arquitectónicos tan
efímeros, pero tan permanentes culturalmente, como son los pabellones de
exposición que analiza Luis Ángel Domínguez.
“Distinción estética” que demuestra la enorme sensibilidad e inteligencia
de este arquitecto finlandés que construye en un clima difícil y en una sociedad
muy cerrada sobre sí misma.
ALVAR AALTO. Una arquitectura dialógica
La arquitectura de Aalto se nos muestra así en toda su delicada estructura
como milagrosa síntesis estética entre naturaleza y uso social. Atenta a las
sensaciones espaciales que esta síntesis es capaz de crear cuando
verdaderamente, es una síntesis estética, a través de la materia construida,
pero no sólo de la materia construida.
Esperamos que nuevas Tesis sean capaces de irnos mostrando la
distinción y la delicadeza, “amabilidad” indica Bajtín, de nuestros mejores
maestros.
Bajtín, otra vez, nos da quizás la mejor definición de la arquitectura de
Aalto cuando nos dice que la “arquitectura” del objeto estético (sea este pintura,
literatura o arquitectura) debe: “naturalizar al hombre y humanizar a la
naturaleza”. Nunca mejor dicho.
Domínguez para introducir la publicación de su tesis doctoral sobre Alvar Aalto,
desde una perspectiva dialógica. Por muchas razones.
Por un lado, porque ya es hora de analizar en profundidad las raíces de
la arquitectura de Alvar Aalto, el cual, a pesar de la labor meritoria de Demetri
Porphyrios, permanece como personaje enigmático de la modernidad en la
arquitectura del pasado siglo XX, cuando en realidad es un personaje diáfano
y transparente.
En segundo lugar, porque la vecindad entre la Finlandia de los años
1917 hasta 1924 y San Petersburgo, y su pertenencia política a Rusia en
plena revolución social y política, no puede ser que no dejase una huella
“dialógica” en la obra de un arquitecto sensible como pocos a la presencia
estética de su tiempo. Los escritos y los bocetos que aquí se presentan, en la
tesis de Luis Ángel Domínguez, algunos inéditos, son claras muestras de esta
huella dialógica.
Por último, mi interés actual por el inmenso intelectual ruso Mijail Bajtín
(1895-1971), padre de la “dialogía” recientemente redescubierto, pero que a
partir de una extraordinaria procacidad, el año 24, a los veintinueve años, ya
había escrito las bases de lo que hubiese sido la teoría social más importante
de la cultura occidental si Stalin no lo hubiese enviado al destierro durante
cincuenta años... Este interés, repito, es otra importante razón por la que
creo que este libro y esta tesis marcan el inicio, no el final, de una manera
necesaria de reflexionar sobre la arquitectura. Porque como el mismo Bajtín
escribe, no es suficiente con descubrir la arquitectura desde una perspectiva
de una “estética material” a partir de la cual la arquitectura se aísla de la
historia, del territorio y de su mismo significado, mezclando constantemente
arte, ciencia y política, y escondiéndose el arquitecto tras el objeto, para así
poder seguir controlando lo que, en el fondo, no es la arquitectura, sino un
pretexto sin otro fin que el de justificarse a sí mismo a partir de su propio
proyecto. Esta “estética material” (no materialista), tal como la defiende Bajtín,
no es negativa ni positiva, no es sencillamente más que una “técnica”, una
“técnica” especialmente interesante para los científicos, pero que no llega
nunca a tocar la “distinción” propia de cada objeto estético, de cada
“arquitectura”.
Lo que esta tesis sobre Alvar Aalto muestra, desde la primera hasta su
última página, es la “distinción estética” de estos objetos arquitectónicos tan
efímeros, pero tan permanentes culturalmente, como son los pabellones de
exposición que analiza Luis Ángel Domínguez.
“Distinción estética” que demuestra la enorme sensibilidad e inteligencia
de este arquitecto finlandés que construye en un clima difícil y en una sociedad
muy cerrada sobre sí misma.
ALVAR AALTO. Una arquitectura dialógica
La arquitectura de Aalto se nos muestra así en toda su delicada estructura
como milagrosa síntesis estética entre naturaleza y uso social. Atenta a las
sensaciones espaciales que esta síntesis es capaz de crear cuando
verdaderamente, es una síntesis estética, a través de la materia construida,
pero no sólo de la materia construida.
Esperamos que nuevas Tesis sean capaces de irnos mostrando la
distinción y la delicadeza, “amabilidad” indica Bajtín, de nuestros mejores
maestros.
Bajtín, otra vez, nos da quizás la mejor definición de la arquitectura de
Aalto cuando nos dice que la “arquitectura” del objeto estético (sea este pintura,
literatura o arquitectura) debe: “naturalizar al hombre y humanizar a la
naturaleza”. Nunca mejor dicho.
Josep Muntañola Thornberg
Llançà, 31 de mayo del 2002
DESCARGA DEL LIBRO AQUI
TAMAÑO: 6.75 M
PAG: 171
FORMATO: PDF
Llançà, 31 de mayo del 2002
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TAMAÑO: 6.75 M
PAG: 171
FORMATO: PDF
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